Para cuando el tarot de siempre ya no nombra lo que buscas.

La baraja tiene 28 cartas aunque su eje sean las 22 letras hebraicas y los 22 caminos del Árbol de la Vida.
Ese desfase de seis cartas deja claro que no pretende ser un tarot reducido a correspondencias cabalísticas: propone una arquitectura propia alrededor de las letras, los senderos y la meditación.
Aquí está la pequeña rareza que justifica detenerse: no son 22 cartas, como cabría esperar de una baraja dedicada a las 22 letras hebraicas y a los 22 senderos del Árbol de la Vida, sino 28. Y ese exceso no es un detalle de almacén ni una errata con túnica: avisa de que las Coquatrix no están vendiendo el enésimo esquema de equivalencias entre tarot y cábala.
El Tarot hebraico plantea un sistema propio, más cercano a un dispositivo de contemplación que a un mazo que quiera sustituir al Rider-Waite-Smith en una lectura de tres cartas. Las letras no aparecen aquí como decoración exótica —que de eso el mercado va sobrado—, sino como soportes para pensar el tránsito entre sefirot, la identidad y las preguntas concretas de cada día.
Yo lo miraría como se mira un buen libro de símbolos: no para pedirle que haga todo, sino para que haga muy bien una cosa. Sus 28 cartas introducen una desviación deliberada respecto al número canónico; obligan a abandonar el piloto automático de «arcano igual a significado aprendido» y a entrar en otra lógica. Si ya tienes varios tarots convencionales y te interesa una baraja que desplace la pregunta hacia el lenguaje, la letra y el camino interior, ésta sí añade una habitación nueva a la colección. No otra puerta pintada sobre la misma pared.
También buscado como: Hebrew Tarot