Para cuando tu tarot moderno ya no te cuenta nada nuevo.

El tarot original francés de Francis Rolt-Wheeler y Christian Loring se publicó en 1939 y, tras la caída de Francia en junio de 1940, apenas sobrevivieron ejemplares.
No parte de una recreación medieval contemporánea, sino de la recuperación de una baraja prácticamente desaparecida por una ruptura histórica muy concreta. Eso le da a sus imágenes una cualidad de documento rescatado, no de decorado de feria renacentista.
Hay barajas medievalizantes que se ponen una cofia, dibujan dos almenas y esperan que una aplauda. Esta juega en otra liga: procede de un tarot francés publicado en 1939 que prácticamente se perdió tras la caída de Francia en junio de 1940. Ese detalle cambia bastante el asunto.
Aquí no me interesa tanto la fantasía de “viajar a la Edad Media” —fórmula que ya viene algo sobada, pobrecita— como la sensación de estar ante un imaginario que quedó interrumpido y ha sido devuelto a circulación. Caitlín Matthews revisa y amplía el material, pero el gancho verdadero está en esa supervivencia improbable: una baraja concebida antes de la guerra, desaparecida con ella y recuperada ahora para lectores actuales.
Por eso la veo claramente como pieza de colección, incluso para quien ya tenga varios tarots históricos. No viene a sustituir al mazo que usas para una pregunta rápida un martes con sueño; viene a introducir una grieta temporal en la estantería. Sus símbolos pueden leerse, desde luego, pero también invitan a mirar cómo una tradición esotérica cambia cuando la historia la corta de raíz.
Comprar otra baraja merece la pena cuando añade una conversación que las demás no podían tener. Esta trae, nada menos, la conversación de un tarot que estuvo a punto de no llegar hasta nosotros.
También buscado como: Medieval Tarot: Mysteries of the Initiatory Path