Para cuando tu tarot necesita cambiar de perspectiva, literalmente.

El Tarot Nefertari reproduce en espejo las imágenes del Tarot of the Sphinx.
No es una simple reedición egipcia: las escenas están invertidas de izquierda a derecha y pasan del marco azul al negro con fondo dorado. Ese desplazamiento obliga a releer gestos, direcciones y relaciones espaciales que en un tarot ilustrado nunca son mero atrezzo.
Hay barajas egipcias que se limitan a poner un Anubis, dos lotos y bastante azul lapislázuli sobre el esqueleto de siempre. El Tarot Nefertari juega una partida bastante más sutil: sus imágenes son el reflejo especular del Tarot of the Sphinx. Es decir, no solo cambia la decoración; cambia la orientación interna de las escenas.
Y eso importa. En tarot, hacia dónde mira una figura, qué mano sostiene el objeto, quién avanza o se aleja y por qué lado aparece una amenaza son decisiones de lectura. Al invertir el repertorio visual, una lectora que conoce bien las composiciones tradicionales se encuentra con una pequeña resistencia fértil: el ojo cree reconocer la carta, pero la carta le ha cambiado el lado del cuerpo. Muy fino. Muy poco inocente.
El negro y el dorado, además, no están ahí para hacer de souvenir de museo con pretensiones. Refuerzan la sensación de estar ante imágenes ceremoniales, casi arrancadas de una superficie funeraria preciosa y ligeramente intimidante. No lo recomendaría como único tarot para aprender desde cero: su lenguaje pide mirar despacio y aceptar que la iconografía no te va a llevar de la manita.
Pero si ya lees y notas que algunas cartas te salen demasiado conocidas, demasiado obedientes, aquí sí hay motivo para sumar otra baraja. No compra uno «más de Egipto»: compra un tarot que obliga a reconsiderar la dirección de la mirada.
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