Para cuando el significado de siempre ya no te mueve una ceja.

Los 22 Arcanos Mayores llevan, arriba, su propio nombre en lengua gnoma.
No es un mero rótulo decorativo: junto al nombre italiano y sus traducciones, cada Arcano recibe una identidad de cuento. El Loco pasa a ser Sichen, por ejemplo, y la lectura deja de arrancar de una etiqueta conocida para entrar en un pequeño mundo con vocabulario propio.
Hay barajas de fantasía que se limitan a ponerle orejas puntiagudas al Rider-Waite y a esperar aplausos. Esta, en cambio, se toma la molestia de construir un idioma alrededor de su universo: los 22 Arcanos Mayores llevan en la parte superior un nombre en lengua gnoma. El Loco, por ejemplo, no comparece sólo como Il Matto o The Fool: es Sichen.
Ese detalle cambia bastante el asunto. No porque haya que aprender filología élfica —por favor, bastante tenemos ya con las correspondencias astrológicas—, sino porque impide leer los triunfos por pura inercia. Al encontrarte con un nombre extraño, antes de recitar mentalmente la definición de manual, miras la escena. Preguntas quién es ese personaje y qué aventura trae entre manos. La baraja te desplaza de la doctrina al relato.
Ahí reside su mérito y el motivo por el que sí merece un hueco si tu colección empieza a sonar demasiado correcta. Los gnomos de Lupatelli no usan la fantasía como barniz azucarado: convierten el tarot en una fábula de personajes, oficios, pequeñas leyes y tropiezos domésticos. Sus nombres inventados hacen de bisagra entre el Arcano universal y su versión menuda, terrenal y bastante más traviesa.
No la elegiría para quien necesite que cada carta confirme obedientemente lo que ya sabe. La elegiría para devolver extrañeza a los Mayores: esa saludable sensación de que el tarot todavía puede hablar un idioma que no controlas del todo.
También buscado como: Tarot de los Gnomos