Para cuando una tirada te pide leer entre pétalos.

La simbología floral de cada carta incorpora el conocimiento de Sylvia Gainsford sobre el lenguaje de las flores.
No son flores puestas para hacer bonito —que eso lo hace cualquiera con un fondo verde y dos azucenas—: el mazo añade una capa de lectura botánica a su imaginería. Mirarlo obliga a detenerse en qué flor aparece, junto a quién y en qué momento del arcano.
El Tarot of the Old Path tiene una virtud que no abunda: no se limita a vestirse de tradición pagana, sino que se toma la molestia de hablarla en un idioma visual propio. Su detalle decisivo está en las flores. Gainsford introduce su conocimiento del lenguaje floral en las cartas, de modo que los ramos, borduras y plantas no funcionan como el inevitable atrezzo de jardín encantado, sino como una segunda frase dicha en voz baja.
Eso cambia mucho la experiencia. Una lectora puede entrar por el significado habitual del arcano y, después, volver a la imagen para preguntarse por esa flor concreta: qué matiza, qué contradice, qué insiste en contar. Es una baraja que recompensa la mirada lenta; no la de «he reconocido El Loco, siguiente carta», sino la que acepta que un detalle vegetal puede desplazar el tono entero de la lectura.
Yo la veo claramente como baraja de colección con trabajo pendiente, que es una categoría muy digna. No porque haya que convertir cada tarot en una tesis doctoral —Dios nos libre—, sino porque aquí existe una capa real que aprender y usar. Si ya tienes mazos que resuelven una tirada con eficacia, este aporta otra cosa: precisión poética. Y esa, cuando está bien integrada en las imágenes, sí justifica hacerle sitio.
También buscado como: Tarot del Antiguo Sendero