Para cuando sabes la respuesta y sigues haciéndote la ciega.

El Dos de Flechas muestra a un topo —animal ya ciego— llevando además una venda sobre los ojos.
La carta corresponde al tradicional Dos de Espadas, pero convierte el bloqueo mental en una ironía visual impecable: no es falta de visión, es negarse activamente a percibir con los otros sentidos.
Hay barajas de bosque que se limitan a poner un zorro bonito entre helechos y confiar en que una se emocione. Esta, por lo que deja ver su Dos de Flechas, entiende algo bastante más fino: el mundo natural no está ahí para decorar el tarot, sino para pensar con él.
El topo vendado es una pequeña genialidad. En el Rider-Waite-Smith, el Dos de Espadas suele hablar de parálisis, de una decisión aplazada, de no querer mirar. Jessica Roux escoge precisamente a un animal que no depende de la vista y le añade una venda. De golpe, la carta deja de decir «no veo» y empieza a preguntar: «¿qué capacidad estás ignorando por empeñarte en usar la herramienta equivocada?». Tacto, vibración, instinto, información que ya está en el cuerpo: ahí está el asunto.
Eso justifica otra baraja en una colección: no porque venga a sustituir tu mazo de siempre, sino porque desplaza la lectura un palmo, que es donde suelen ocurrir las cosas interesantes. Me parece especialmente útil para tiradas cotidianas en las que una ya conoce el diagnóstico, pero continúa negociando con la evidencia como si fuese una funcionaria especialmente lenta. Aquí el bosque no endulza el mensaje: te pone un topo con antifaz delante y te deja hacer las cuentas.
También buscado como: Tarot de los Guardianes del Bosque