Para cuando tu tarot de siempre ya responde, pero no seduce.

El Dos de Copas del Tarot Pre-Raphaelite fue pintado por Giuliano Costa al temple sobre una tabla de madera de 41 × 24 cm.
No es un mazo que se limite a vestir el tarot con una estética decimonónica: al menos esta carta nace como pintura original de caballete. Eso explica que convenga mirarlo menos como «tarot de museo» y más como una reinterpretación pictórica, personal y deliberadamente construida.
Hay barajas prerrafaelitas que se quedan en la melena abundante, la flor lánguida y la dama mirando al infinito como si acabara de perder un manuscrito artúrico. Esta tiene algo más interesante: una voluntad de pintura propia. El detalle del Dos de Copas, realizado al temple sobre tabla, delata la ambición del conjunto: Giuliano Costa no parece haber querido montar un álbum de cromos victorianos, sino llevar la sensibilidad prerrafaelita a una baraja que conserva el esqueleto simbólico del tarot.
Y ahí está su razón de ser. No sustituye a una Rider-Waite-Smith para aprender desde cero ni viene a resolverte lecturas de trámite con la contundencia de un mazo minimalista. Su terreno es otro: preguntas afectivas, deseos contradictorios, belleza que encubre tensión, decisiones que reclaman una mirada menos literal. El Dos de Copas, convertido primero en obra sobre madera y después en naipe, funciona casi como declaración de intenciones: relación, sí; pero relación encarnada, teatral, material.
Yo lo escogería para una colección que no quiera acumular «tarots de arte» indistinguibles entre sí. Merece la pena precisamente porque no usa el prerrafaelismo como papel pintado. Lo trata como lenguaje: color, naturaleza, erotismo contenido y una cierta solemnidad maravillosa, esa que a veces es justo lo que necesitamos para dejar de hacer preguntas pequeñas.
También buscado como: Tarot Prerrafaelita