Para cuando «La Fuerza» te sale mejor en inglés.

Los nombres de las cartas están impresos en español e inglés en la propia baraja, no relegados a la guía.
Eso permite mirar «La Sacerdotisa / The High Priestess» o «Sota de Bastos / Page of Wands» de un golpe de vista: la traducción deja de ser una nota al pie y pasa a formar parte de la lectura.
Hay Rider-Waite que sólo cambian el borde, el tono de amarillo o la promesa de una caja estupenda. Y luego están los que alteran, aunque sea discretamente, la forma de aprender a leer. Aquí la gracia está en que el bilingüismo va impreso en las cartas: no hay que apartar la tirada, abrir un librito y buscar cómo demonios se llama ese Caballero en la nomenclatura inglesa.
Parece una minucia, pero no lo es. El Rider-Waite-Smith vive en un ecosistema internacional: cursos, libros, vídeos, apuntes y conversaciones donde aparecen The Hermit, Wheel of Fortune o Queen of Cups con total desparpajo. Ver el equivalente español e inglés a la vez crea una asociación inmediata entre imagen, función y vocabulario. Menos traducción mental, más lectura.
Yo la veo especialmente sensata para quien ha empezado con referencias en castellano pero se asoma ya a material anglosajón, o al revés. También para quien se lía con las figuras de corte: una Sota deja de ser una criatura local y se conecta enseguida con el Page que encontrará por todas partes. No convierte el tarot en un curso de idiomas —gracias a los dioses menores—, pero sí resuelve una fricción real sin pedir solemnidad. Comprar otra Rider-Waite merece la pena cuando añade una herramienta concreta a la imagen clásica; aquí, esa herramienta es una segunda lengua puesta exactamente donde hace falta.
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