Para cuando tu Rider pide un desvío, no otra copia.

La baraja añade dos cartas a las 78 habituales del Rider-Waite-Smith.
No especifica qué función tienen esas dos cartas, y ahí está precisamente el pequeño desafío: no es un Rider-Waite cerrado y canónico, sino una edición que deja dos piezas fuera del guion tradicional.
Hay Rider-Waite que se disfrazan con un color bonito y poco más; este, al menos, comete una pequeña insolencia estructural: suma dos cartas a las 78 de rigor. Y eso cambia el asunto. No porque dos naipes vayan a reinventar el tarot —respiremos—, sino porque obligan a preguntarse qué se ha añadido al lenguaje conocido y qué lugar puede ocupar en una lectura.
El rojo vino, la lámina dorada y el acabado holográfico mate construyen una presencia más ornamental que ascética. Es un mazo que no pretende pasar desapercibido sobre la mesa, ni falta que le hace. Pero lo que le da motivo para existir en una colección ya poblada de clones Rider no es sólo el vestido: son esas dos cartas suplementarias. Introducen una nota de incertidumbre en una arquitectura que normalmente conocemos de memoria.
Yo la reservaría para quien ya tenga un Rider-Waite clásico y quiera una variante deliberadamente menos obediente, sin abandonar del todo sus figuras y su gramática visual. La guía está en inglés, detalle a considerar si se busca apoyo didáctico; aquí el interés no está en aprender desde cero, sino en mirar una estructura familiar con dos puertas que el canon no había dejado abiertas. Otra baraja, sí, pero con una pequeña coartada.
También buscado como: Wine Red Gold Foil Tarot, 80 Cards