Para cuando tu café necesita altar propio.

La taza se acompaña de un posavasos redondo pensado para evitar que el caldero resbale.
No es sólo una taza con forma de caldero: el posavasos convierte la escena en un pequeño montaje ritual y resuelve, de paso, la estabilidad de una pieza de patas cortas.
Aquí la gracia no está únicamente en beber de un caldero negro con luna y estrellas —eso, seamos sinceras, ya lo hemos visto con variaciones más o menos inspiradas—, sino en que viene acompañado de un posavasos redondo para que el invento no quede en atrezzo de Halloween con vocación de accidente doméstico.
Ese detalle cambia bastante la película. Las patas del caldero hacen que la taza parezca un objeto sacado de una repisa de herbolaria fantástica, pero el posavasos le da base, encuadre y una especie de pequeño altar portátil. Para quien toma el café mientras consulta cartas, escribe sueños o simplemente intenta sobrevivir a la primera reunión del día, tiene más sentido del que aparenta.
No la miraría como una pieza de vajilla solemne ni como el colmo del ocultismo. Precisamente funciona porque no se toma tan en serio: propone un gesto teatral, pero útil. El café deja de ser café durante cinco minutos y pasa a ser una pócima perfectamente autorizada contra la modorra.
¿Merece añadir otra taza a la balda? En este caso sí, si te falta una que haga de objeto-escena sin exigir montar un aquelarre completo sobre la mesa. El posavasos es el remate: sin él sería sólo un caldero; con él, tiene ritual.
También buscado como: Witch Cauldron Coffee Mug