Para cuando necesitas cerrar un capítulo sin hacerle un funeral.

El jinete esquelético de la carta XIII cabalga un caballo pálido, una referencia directa al Apocalipsis.
Ese caballo no está ahí para poner dramita gótico: remite al cuarto jinete bíblico, la Muerte. Convertir esa imagen en portada hace que cada página parta de una idea menos cómoda y bastante más útil: terminar algo también es mover la vida.
Hay papelería de tarot que se limita a colocar una luna, dos estrellas y una tipografía que pide incienso barato. Y luego está la decisión de dedicar un cuaderno entero a la carta XIII. Eso ya tiene más carácter.
Aquí el motivo no es una calavera decorativa: el esqueleto sobre el caballo pálido recoge la imaginería del cuarto jinete del Apocalipsis. Es decir, la Muerte no como un bonito símbolo de “renovación” convenientemente edulcorado, sino como la fuerza que llega, desmonta lo que se daba por fijo y obliga a continuar de otra manera. Bastante más interesante para un cuaderno que otra portada de constelaciones haciendo turismo espiritual.
Yo le veo sentido para notas de lecturas, sueños recurrentes, ideas que aún no están maduras o esa lista de asuntos que una lleva meses evitando mirar de frente. La portada pone el tono: no se trata de escribir para conservarlo todo, sino para separar lo que ya caducó de lo que merece pasar página.
Por eso esta pieza sí justifica ocupar sitio entre tanta libreta mona. No añade otra baraja a la estantería, claro; hace algo quizá más raro: convierte una de las cartas más malentendidas del tarot en una herramienta cotidiana para pensar con honestidad. Y para tachar, que también tiene su liturgia.
También buscado como: Cuaderno de bocetos de la carta de la Muerte del tarot