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Tarot y Oráculos

The Druidcraft Tarot

Para cuando tus lecturas necesitan volver al paisaje.

The Druidcraft Tarot
Autor / marca: Philip Carr-Gomm
Valoración: 4.5
Reseñas: 639

La Princesa de Copas fue la primera pintura creada para el mazo y nació como una imagen del otoño.

No se diseñó inicialmente para ilustrar una carta: esa figura otoñal fijó el tono visual del conjunto y después encontró su lugar como Princesa de Copas. Por eso aquí la sensibilidad no parece un adorno añadido a posteriori, sino el origen mismo del tarot.

Hay barajas paganas que confunden lo telúrico con poner tres árboles, una luna enorme y a alguien con capa mirando muy intensamente al horizonte. El Druidcraft no cae del todo en esa trampa porque su punto de partida fue, precisamente, una imagen concreta de contemplación: la Princesa de Copas, pintada antes que el resto para captar la belleza del otoño.

Ese dato explica bastante. El mazo no usa la naturaleza como atrezo esotérico; construye desde ella una atmósfera. La Princesa no parece haber sido colocada en un bosque para cumplir con el expediente druídico, sino que el bosque —la estación, la pausa, el agua, la mirada hacia dentro— pide convertirse en carta. Y esa lógica se derrama por el resto del conjunto.

Me interesa especialmente para lecturas en las que el Rider clásico se queda demasiado urbano, mental o limpio de barro. Aquí los procesos emocionales tienen clima, suelo y cuerpo. La sensibilidad de Copas no es una nubecita rosa: tiene hojas caídas, silencio y una cierta gravedad estacional. Como debe ser.

Comprar otra baraja merece la pena cuando aporta una temperatura interpretativa que las demás no tienen. Esta la aporta desde su primera imagen: no te obliga a abandonar la estructura tradicional, pero sí a leerla como si la vida interior ocurriera en un paisaje vivo. Y, francamente, ocurre.

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