Para cuando cerrar una etapa no basta y toca entender qué queda después.

Después de El Mundo, añade un arcano sin número: The Fountain, marcado únicamente con un lemniscata.
The Fountain Tarot no se limita a sumar una carta comodín: coloca The Fountain después de El Mundo, donde el Rider-Waite-Smith suele dar por concluido el viaje mayor. No lleva número, sino el signo de infinito. Esa decisión convierte el cierre canónico del tarot en una pausa incómoda y fértil: la baraja pregunta qué ocurre cuando algo se ha completado, pero una todavía no ha terminado de comprenderlo.
La gracia de The Fountain Tarot no está en que sea un Rider-Waite-Smith puesto guapo —que también, con sus pinturas al óleo de Jonathan Saiz y su diseño muy meditado—, sino en que se atreve a tocar la costura final del sistema. Después de El Mundo aparece The Fountain: una carta sin número, identificada por un lemniscata.
Y esto no es una carta extra de esas que una deja junto al folleto, con el plástico y la culpa. Su lugar, después de El Mundo, cuestiona precisamente la idea de que completar un ciclo equivalga a haber resuelto algo. Para mí ahí está su razón de ser: sirve cuando una lectura llega a su conclusión lógica y, sin embargo, la consultante sabe que aún queda una capa que mirar. No más acción, no otro objetivo, no el enésimo «nuevo comienzo» con lacito. Algo anterior a todo eso.
El resto conserva una estructura Rider-Waite-Smith reconocible y el libro acompaña con significados y reversos, así que no obliga a reaprender el tarot desde cero. Pero yo no se la recetaría a quien necesite imágenes muy literales o una baraja estrictamente ortodoxa: aquí hay mucho espacio, geometría y silencio visual. En cambio, para quien ya conoce El Mundo y sospecha que los finales rara vez son tan redondos como prometen, esta carta 79 justifica el hueco en la colección. Las cosas como son.
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