Para cuando el cambio te ha pillado sin siete vidas de repuesto.

La carta de la Muerte se llama Nine Lives y muestra a un gato en su novena vida.
No es un simple cambio de nombre gatuno: convierte el arcano XIII en el último tramo de una existencia antes de una transformación inevitable. La Muerte deja de entrar con guadaña y aparece con bigotes, pero sigue pidiendo que soltemos lo que ya ha terminado.
Hay barajas de gatos que se limitan a poner un minino sobre cada arquetipo y confiar en que el peluche haga el trabajo simbólico. Esta, al menos, entiende que un gato no es un accesorio: es una criatura que convierte la independencia, la curiosidad y la supervivencia en filosofía doméstica.
La decisión más inteligente está en su arcano XIII: aquí la Muerte pasa a llamarse Nine Lives. Me parece una pequeña travesura muy bien medida. No rebaja el asunto —por mucho que algunos quieran que el tarot sea siempre una taza de té con canela—, sino que lo traduce a la lógica felina: cada vida tiene un límite, y justamente por eso hay que saber caer de pie, despedirse y seguir.
Ese cambio organiza el carácter de la baraja. No estamos ante un Rider-Waite disfrazado con orejas, sino ante una relectura que busca palabras propias para sus mayores. Además, el hecho de que cada Arcano Mayor incluya un hechizo recomendado coloca la tirada en un terreno más activo: no sólo interpretar qué final está ocurriendo, sino acompañarlo con un gesto ritual concreto.
Merece ocupar sitio si te cansan los mazos gatunos que sólo son monos. Nine Lives le da una idea central reconocible y bastante útil: las transformaciones no tienen por qué ser elegantes; basta con que, después del susto, aún quede vida para empezar otra cosa.
También buscado como: Libro del tarot del gato de la bruja