Para cuando ves demasiado y entiendes demasiado poco.

La protagonista, Anima, es ciega y reaparece en las cartas desde lo que siente, no desde lo que ve.
No es una anécdota de ambientación: toda la baraja convierte la percepción no visual de Anima en su hilo narrativo. El roble, el viento, los habitantes de la isla y los cambios de escena dejan de ser mero decorado y pasan a leerse como tacto, presencia, intuición y orientación interior.
Hay barajas narrativas que confunden contar una historia con poner al mismo personaje haciendo cosas monísimas en setenta y ocho estampas. Under the Oak Tarot parece jugar en otra liga porque su premisa afecta de verdad a la lectura: Anima es ciega y el mundo de la baraja se articula desde aquello que percibe sin verlo.
Eso obliga a mirar —perdón por el verbo, pero aquí tiene gracia— de otra manera. Un paisaje no funciona sólo como fondo bonito; importa el aire que se mueve, la presencia del roble, la cercanía o extrañeza de los seres que acompañan a Anima, la sensación que deja cada escena. Para quien ya tiene un tarot de estructura clásica pero se descubre leyendo siempre por reflejo condicionado, éste puede ser un antídoto bastante fino.
No lo veo como una baraja para resolver una tirada deprisa entre el café y el correo. Su interés está precisamente en frenar la lectura automática y encadenar las cartas como episodios: qué siente Anima, qué no puede comprobar, qué intuye antes de comprender. Ahí aparece una lectura especialmente fértil para asuntos de incertidumbre, confianza, orientación y deseos que aún no tienen forma.
Comprar otra baraja merece la pena cuando cambia la pregunta que haces a las imágenes. Ésta no presume de reinventar el tarot a martillazos; hace algo más difícil: usa una protagonista ciega para recordarte que interpretar no es sólo identificar símbolos a primera vista.
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