Para cuando una respuesta te sale demasiado cómoda.

La guía llama a las dos caras de cada carta «This Side» y «That Side», no anverso y reverso.
No es una pirueta de vocabulario: evita tratar una cara como la versión correcta y la otra como su negación. Algunas muestran el mismo episodio desde detrás; otras cambian de escena para plantear una energía complementaria o en tensión.
Hay barajas de doble cara que se quedan en el truco de sobremesa: mira qué ingenioso, ahora gira el cartón. El Vice-Versa se salva precisamente porque su decisión más inteligente no está sólo en la ilustración, sino en el lenguaje de lectura. La guía no habla de «frente» y «dorso», sino de «This Side» y «That Side». Este lado y aquel lado. Parece poca cosa, pero le quita al tarotista la tentación, tan humana y tan perezosa, de decidir que una imagen es la buena y la otra una especie de reverso sospechoso.
Aquí la carta obliga a preguntar desde dónde estás mirando. A veces vemos la escena desde la espalda de sus personajes; otras, la otra cara propone una escena diferente que matiza, contradice o revela el subsuelo de la primera. No convierte el tarot en terapia de frases bonitas, gracias a todos los dioses menores: convierte una tirada en una conversación entre perspectiva visible y perspectiva omitida.
Yo la recomendaría especialmente a quien se sorprende sacando siempre conclusiones demasiado rápidas, demasiado ordenadas o demasiado favorables a su propio relato. No sustituye el aprendizaje del sistema Rider-Waite-Smith ni pretende hacerlo. Lo vuelve incómodo en el mejor sentido: una carta ya no te permite quedarte tan fácilmente con la primera versión de los hechos. Y ésa, francamente, es una razón de peso para hacer sitio a otra baraja.
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