Para cuando el Loco se te queda corto y necesitas otro umbral.

Añade a los 22 arcanos mayores The Psychonaut (0) y The Shaman (I), hasta sumar 80 cartas.
No sustituye al Loco y al Mago: les abre un desdoblamiento. El viaje empieza a leerse no solo como inocencia y voluntad, sino también como exploración de la conciencia y mediación entre mundos.
Hay barajas que se anuncian como «viajes interiores» y luego, en cuanto levantas tres cartas, resulta que el viaje era el de siempre con una niebla violeta de fondo. Aquí, al menos, la declaración de intenciones tiene una consecuencia estructural: el Wanderer’s Tarot añade dos mayores, The Psychonaut y The Shaman, y con ello se atreve a tocar el mecanismo más delicado del tarot.
No es un capricho de coleccionista ni el típico extra decorativo que acaba haciendo de marcapáginas. El Psychonaut, numerado 0, dialoga inevitablemente con el Loco: ya no basta con lanzarse al vacío; importa qué conciencia explora ese vacío. Y The Shaman, con el I, hace algo parecido frente al Mago: no presenta solo a quien dirige fuerzas y recursos, sino a quien cruza, traduce y negocia entre planos. Dos figuras que complican —bendita complicación— el comienzo del relato iniciático.
Por eso esta baraja merece sitio incluso si una ya tiene suficientes reinterpretaciones del Rider. No compra uno «otro tarot fantástico»; compra una pequeña disidencia en la arquitectura del mazo. Eso obliga a pensar cómo se colocan esas cartas en una lectura, qué matizan y cuándo interrumpen la cómoda sucesión que creíamos conocer. Para coleccionar con criterio, pocas cosas me interesan más que una baraja que se juega su propia tesis en dos cartas concretas.
También buscado como: Tarot del Viajero