Cuando la tirada pide imágenes, no más palabras.

Sus 139 ilustraciones se concentran en solo 58 páginas.
No plantea un cuaderno de láminas limpias y solemnes, sino un pequeño almacén visual bastante apretado: más de dos motivos por página de media. Eso invita a recortar, superponer y construir páginas de grimorio en vez de limitarse a pegar una imagen bonita y dar el asunto por resuelto.
Esto no es una baraja, y precisamente ahí está su gracia para quien trabaja el tarot con cuaderno al lado. Hay tiradas que no necesitan otra interpretación de tres párrafos —gracias, universo, ya hemos entendido que debo “soltar”—, sino una imagen que permita quedarse dentro de la pregunta. Este volumen ofrece 139 ilustraciones en 58 páginas: no va de contemplar una lámina por página como si estuviéramos en un museo, sino de tener material suficiente y concentrado para intervenir el diario.
Esa densidad cambia el uso. La página deja de ser el soporte pasivo donde anotas qué salió; puede convertirse en un artefacto: una esquina de veneno para una Sota de Espadas especialmente fina, un fragmento de hechizo para una lectura repetitiva, una imagen de tarot rescatada y puesta en conflicto con lo que estás escribiendo. Lo interesante es que el imaginario de brujería no viene aquí a hacer de atrezo lila y lunar, sino a funcionar como vocabulario de collage.
Yo le veo sentido si tus apuntes de tarot se quedan cortos cuando solo escribes. Merece la pena como repertorio físico para dar cuerpo a lecturas que se resisten a ser ordenadas, bonitas o concluyentes. Y eso, en un journal, suele ser bastante más útil que otra página rayada con pretensiones.
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