Para cuando tu tirada pide fecha astral, no sólo respuesta.

Los 22 Arcanos Mayores se reparten entre los 12 signos del zodiaco y los 10 planetas.
No añade astrología como un adorno de constelaciones: convierte la secuencia completa de triunfos en un mapa de signos y planetas. Eso permite leer una carta mayor también como una fuerza celeste concreta, con sus ritmos, excesos y manías.
Hay barajas astrológicas que ponen una luna, dos estrellas y un símbolo de Marte en la esquina, y ya se quedan tan anchas. Esta, en cambio, tiene una decisión estructural de las que cambian la conversación: los 22 Mayores se distribuyen entre los 12 signos y los 10 planetas. Es decir, no se limita a ilustrar el tarot con ambiente cósmico; hace que toda la columna vertebral del mazo funcione como un pequeño sistema astrológico.
A mí eso me parece especialmente interesante para las lecturas cotidianas. Cuando aparece un Arcano Mayor, no sólo se impone una lección arquetípica —la de siempre, con el idioma Rider-Waite de fondo—: entra también un temperamento zodiacal o una función planetaria. La pregunta deja de ser únicamente «¿qué me está ocurriendo?» y puede pasar a ser «¿qué energía está llevando el volante y cómo se expresa?». Bastante más útil que culpar a Mercurio de toda conversación absurda, dicho sea de paso.
La gracia está en que el mecanismo es cerrado y completo: doce signos más diez planetas, veintidós triunfos. No parece una correspondencia pegada con cinta de doble cara, sino el motor de la baraja. Por eso sí merece hueco incluso si ya tienes un Rider-Waite y algún mazo zodiacal: propone una forma concreta de hacer dialogar ambos lenguajes en cada lectura, no otra noche estrellada sobre cartulina.
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