Para cuando sabes tarot, pero tu carta natal te pide réplica.

Las asociaciones astrológicas de las 78 cartas están impresas directamente sobre cada carta.
No obliga a consultar una tabla aparte: los 22 Arcanos Mayores se vinculan con los 12 signos y los 10 planetas, y los Menores con elementos y signos. Así, la capa astrológica no adorna la lectura: entra en la mesa desde el primer vistazo.
Hay barajas astrológicas que parecen haber pegado cuatro glifos al Rider-Waite-Smith y esperar aplausos celestes. Esta tiene una idea bastante más útil: lleva las correspondencias astrológicas impresas en las propias cartas. Parece un detalle menor hasta que intentas leer sin convertir la tirada en una oposición entre tú, el librito y una tabla de equivalencias.
Aquí los Arcanos Mayores se reparten entre los doce signos y los diez planetas; los Menores trabajan desde los elementos y sus signos afines. Es decir, cuando aparece una carta, no solo llega su escena y su significado tarótico: llega ya con una temperatura astrológica incorporada. La pregunta deja de ser «¿qué significa esta carta?» y puede pasar a ser «¿cómo se está expresando aquí esta energía, este planeta, este elemento?».
Eso la hace especialmente sensata para quien ya lee tarot y quiere integrar astrología sin estudiar cada correspondencia como si preparase una oposición hermética. No sustituye el aprendizaje —ninguna lata metálica concede iniciaciones, qué pena—, pero sí reduce la fricción y permite que el sistema se vuelva legible en la práctica. Comprar otra baraja merece la pena cuando cambia el modo de pensar una tirada; en esta, el pequeño mapa astral no está escondido en el manual: está trabajando a plena vista.
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